
Buenas,
Antes de nada, las presentaciones. Este de la foto soy yo.
Un perro.
Algún quisquilloso diría que no, que no soy un perro sino un peluche. Bueno, yo prefiero decir que soy perro y peluche, y esta es precisamente la razón de todo...
La vida de perro no es fácil. El rico refranero español está lleno de expresiones al respecto tales como el hambre tiene cara de perro (ergo, yo tengo cara de hambre) o a perro flaco todo son pulgas (aunque este no sería precisamente mi caso, el de flaco, quiero decir).
Pero ¿qué decir de la vida de peluche?
Soy un inmigrante venido del lejano oriente, nacido en algún taller clandestino de China gracias a las hábiles manos de un trabajador mal pagado. Viajé hacinado en un contenedor junto con miles de mis hermanos, pasé frío y calor, soporté una humedad cercana al 100%, padecí de mareos constantes,...y todo ello, ¿para qué? Para acabar expuesto en el estante de un todo a 1€, entre unos Papa Noel danzarines y un gato siniestro que movía la mano arriba y abajo sin cesar.
Creí que mi suerte cambiaría cuando me compraron y me alejaron de mis vecinos. Para mi desgracia, la cosa todavía fue a peor. Ahora "vivo" en un piso de protección oficial de 20 metros cuadrados que comparto con mis dueños, 2 osos y un elefante de peluche, un Elvis Presley de plástico (en un reloj), una serpiente, 2 plantas, un helicóptero de aeromodelismo, 2 mega-velas negras del Ikea, una XBOX360 y los restos de un jamón que hace tiempo perdió todo aquello que le hacía serlo para convertirse simplemente en un triste hueso.
Estas y otras razones (que os contaré más adelante si llega la ocasión), me han llevado a la determinación de acabar con mi existencia. Sé que es una decisión radical pero no veo otro remedio (tengo la cabeza llena de bolitas de poliestireno; no se me ocurre nada más).
Desde este blog os pido ayuda. Por favor, sugeridme qué método debo emplear. Como podéis ver en mi foto, soy todo orejas.
Un saludo.
Guau.